Las 7 razones por las que sientes ansiedad por la comida

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¿Por qué sientes ansiedad por algunos alimentos?

Nuestro cuerpo es una máquina perfecta que reacciona de forma automática a nuestros pensamientos, emociones o desequilibrios para protegernos. Incluso cuando parece que nos esté castigando por algo, en realidad nos está protegiendo de otra cosa mucho más profunda. Comer compulsivamente no es un síntoma de debilidad, sino que son señales de nuestro cuerpo a las que tenemos que prestar una atención especial para entender que algo nos pasa física o emocionalmente. Y “compulsivamente”  no es solamente darse un gran atracón, sino continuar comiendo cuando ya has saciado el hambre.  Hoy vamos a ver las 7 razones por las que sientes ansiedad por la comida.

Pregúntate qué quieres (alimento) exactamente y por qué, cuando estés ansioso por comer sin hambre, y si puedes, escríbelo rápido, tal como salgan las palabras y sin pensar, una detrás de otra, en un papel. Quizá ahí detectes que lo que te pasa es que estás aburrido, o que estás solo y te gustaría darle un abrazo a alguien, o que esa persona no te quiere y el rechazo duele, o que te has pasado diciéndole eso a tu madre y eres mala persona. Y si no te pasa nada de esto, pero tu cuerpo sigue pidiéndote algo de forma ansiosa, entonces tienes algún desequilibrio y tu cuerpo te está mandando señales.

Las enfermedades y síntomas de cualquier tipo, físicos o psicológicos son la forma que tiene nuestro cuerpo de decirnos que algo hemos de cambiar, que así no funciona. Hasta algo tan simple como coger un catarro  se produce porque nos pilla flojos en un momento dado.  Si no cambiamos nada, seguramente seguirán apareciendo esos síntomas por los siglos de los siglos.

Aquí os dejo las causas por las que cualquiera de nosotros puede experimentar ansiedad por la comida

 1. Problemas en la comida primaria

La comida primaria no es un alimento físico, sino los nutrientes que como seres humanos, necesitamos para vivir sanos. La comida primaria es la auténtica base de nuestra salud y bienestar, y después está lo que ponemos en el plato, nuestra comida secundaria. Si no estás satisfecho con esa relación que tienes, te sientes solo, no te llevas bien con tu familia, te aislas porque no te gustas, estás desconectado con tu persona, estás viviendo una mentira, no te gusta tu trabajo, llevas una vida sedentaria, no te paras ni una vez a respirar y a sentir que ahí adentro hay un corazón y dos pulmones o cargas la culpa por algo que hiciste en aquel momento, entonces sería normal que tu alimentación se tambaleara, pues lo que hay en tu plato es tu mundo, es cómo sientes, cómo piensas y cómo te tratas a ti mismo.

Relaciones

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 2. Deshidratación

La deshidratación del cuerpo, por pequeña que sea, puede manifestarse con ansiedad por algún alimento. Por ello, mi consejo es  que bebas un vaso grande de agua antes de comer eso que se te antoja tanto, porque si la causa es la deshidratación, el antojo desaparecerá poco después.

 3. Desequilibrio energético

Si comemos mucho de lo mismo, se produce un desequilibrio en la energía que producen los alimentos en nosotros. ¿No os ha ocurrido que cuando coméis un plato denso y caliente os apetece después algo frío? Por ejemplo, una pizza seguida de un helado; un cocido seguido de fruta fresca; unos frutos secos seguidos de una cerveza. Las personas que se alimentan a base de carne, pescado, huevos y apenas tocan la fruta y verdura pueden tener tendencia a atracarse de vez en cuando, al igual que aquellos que solo comen alimentos fríos. Así que para evitar este tipo de antojos lo mejor es que comamos variado y cocinado de diferentes maneras. Yin y Yang.

4. Falta de nutrientes

Cuando el cuerpo está falto de nutrientes se manifiesta con antojos, y a veces, muy raros. La falta de algunos minerales lleva a sentir antojos por comidas saladas. Cuando hay un desequilibrio de macronutrientes, o te sometes a un régimen estricto, lo normal es que tu cuerpo demande azúcar y harinas, pues entre otras cosas la falta de nutrientes y energía crea estrés, y con ello, su hormona cortisol, y nuestro cuerpo sabe muy bien que con ese atracón de azúcar obtendrá la calma que necesita para contrarrestar ese estrés y obtener satisfacción inmediata. Pero lo que parece no saber es que después se sentirá peor.

Hay que tomar esos nutrientes deficitarios en nuestro día a día y evitar las kilocalorías vacías, los alimentos vacíos en nutrientes: harinas blancas, ultraprocesados de supermercado, bollería, alcohol, azúcares refinados, refrescos, patatas, ganchitos, etc. Entrar en esta forma de alimentación además crea un bucle que se retroalimenta, cuando comes más azúcares e hidratos procesados, tu glucosa en sangre se dispara, con su consecuente caída aguda que te lleva a “necesitar” de nuevo más azúcares e hidratos procesados. Y así hasta el infinito.

5. Repetición

Nos pueden entrar antojos por cosas que hemos  estado comiendo últimamente con mucha frecuencia (temporadas que nos da por comer chocolate después de comer) o que comimos en momentos del pasado (algún plato que nos preparase nuestra abuela cuando éramos pequeños) incluso comida de nuestros ancestros. Una buena manera de satisfacer estos antojos es creando la versión sana de aquel plato o alimento.

6. La temporada

Lo normal es que el cuerpo demande alimentos propios de temporada. Lo más inteligente es que comamos de acuerdo a lo que tenemos en nuestra ciudad y en la temporada en la que estamos. Así además evitamos tóxicos en los alimentos. En verano tenemos más antojos de gazpacho, sandía o melón, mientras que en invierno son las patatas al horno, la calabaza, el boniato etc.

7. Hormonal

Cambios hormonales en estrógenos y testosterona pueden llevarte a querer matar por determinados alimentos. Así lo saben bien las mujeres en su pre-menstruación o las embarazas con los antojos del embarazo.

Si te has identificado con alguno o varios de estos puntos, aquí te dejo algunas pautas clave:

No rechaces la persona que eres, acéptala

Es más fácil aceptarla que vivir permanentemente en conflicto con ella. Eres un poco esquizoide, cambiante, raro, desorganizado, egoísta, sumiso o un abuelo, ¿y qué? ¿Acaso hay alguien exento de micro o macro rarezas? Habrá gente como tú que se sienta cómoda y feliz a tu lado, y habrá gente a la que le salten las chispas a pocos metros de ti. Al final nos juntamos con las personas con las que no nos sentimos mal y podemos compartir nuestras “rarezas”. Todos nos levantamos feos muchos días y nos sentimos Moby dick después de comidas copiosas. A todos nos han salido (o salen, o saldrán) granos y canas. Todos nos hemos sentido queridos y odiados, amados y rechazados. Todos hacemos cosas bien y cosas mal. Acepta que eres una balanza y que harás cosas por las que no te sientas orgulloso (de las que luego aprenderás y te harás más sabio) y cosas que te llenarán, o incluso te harán sentir la madre Teresa de Calcuta o Gandhi.

Haz todo lo que puedas por estar presente, en el ahora

Yoga, teatro, meditación, deporte, naturaleza, tocar instrumentos, escritura. Esto hará que muchos de tus problemas se calmen y con ello los antojos, pues con estas cosas SIENTES, te conectan con tu persona y te hacen estar aquí y ahora, y no en todos los pensamientos que hay en tu mente, creándote demasiadas emociones negativas y creencias estúpidas, y haciéndote obrar de determinada manera que en realidad no quieres.

Come veggies

Los veggies dan vida, la naturaleza los ha puesto ahí por algo. Come alimentos vivos (búscalo en Google), frutas, hojas verdes, fermentados, colores, colores, colores. No los dejes de lado ni un solo día.

veggies

veggies

Bebe agua y suficiente

El agua es el líquido que necesitamos beber. Los zumos, el alcohol o los refrescos están bien de vez en cuando, pero es el agua lo que tu cuerpo necesita. Bebe.

Lleva una dieta equilibrada, de alimentos de verdad

Basa tu alimentación en alimentos y no en productos. Ólvidate de las cajas del supermercado y prepara platos como los que hacían nuestras abuelas, con ingredientes reales y naturales. Pide ayuda si te hace falta, para eso estamos los nutricionistas.

procesados

procesados

Haz deporte, el que sea, el que a ti te haga sentir bien

Experimenta hasta que des con TU deporte. No tienes porqué correr 10 km o machacarte en el gimnasio, quizá lo tuyo es bailar, hacer senderismo, jugar al golf... Seguro que hay alguno. Pero ten clara una cosa, el arranque siempre cuesta.

Ten conversaciones profundas con tus amigas/os

Hablar solo de cosas superficiales del día a día no llena el alma. Hay tiempo para todo, para hacer el torpedo y para decir “hey, este soy yo, honesto con lo que siento y con lo que pienso”. No reprimas cosas y se quien eres realmente con esas personas con las que te sientes libre, menciona tus miedos y sácalos afuera, no por ello van a hacerse más grandes.

saca tus preocupaciones

saca tus preocupaciones

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